Fútbol, barras y la confesión que faltaba

No es lo mismo ser hincha de un club de fútbol, que formar parte de “la barra”. Se sabe que, durante las últimas décadas, los barras argentinos han construido verdaderas organizaciones mafiosas que hicieron del delito su modo de vida.
 
Gracias a la complicidad de dirigentes, políticos, sindicalistas y de todos aquellos sectores dispuestos a pagar por los “servicios” de estos maleantes, los barras adquirieron el poder suficiente para intimidar a cualquiera. Comercializan drogas, revenden entradas en los partidos, actúan como guardaespaldas de facinerosos y, en algunos casos, hasta figuran en la nómina de empleados de los mismos clubes.
 
Dirimen sus negocios y sus espacios de poder mediante el uso de la violencia y frente a la vista de todos. Incluso, de aquellos que tienen la misión de perseguirlos.
 
En las últimas horas, el presidente de Colón, Víctor Godano, declaró públicamente en FM X 103,5: “Somos respetuosos de los barras. Nos pusimos de acuerdo en algunas cosas… a veces es una forma de proteger al socio”.
 
Las declaraciones del dirigente sorprenden. En primer lugar, porque se producen luego de una catarata de renuncias en el seno de la comisión directiva del club. Y, en segundo término, porque cabe preguntar si estos dichos no ameritan la intervención de oficio por parte de la Justicia.
 
En definitiva, el dirigente acaba de realizar una confesión pública acerca de los acuerdos entre las autoridades de un club de fútbol, e integrantes de una organización de tinte delictivo.
 
Tal como sucediera en el pasado reciente en el club Unión, algunos de los más representativos integrantes de la barra de Colón se hicieron presentes ante los dirigentes de la institución, para reclamarles ciertas atribuciones y espacios de poder que les permitan continuar con sus actividades irregulares.
 
Da la sensación de que las autoridades de los clubes santafesinos actúan bajo una presión asfixiante. Todo indica que no son ellos los que eligen pactar con los barrabravas, sino que se ven obligados a actuar de esta manera a partir de amenazas e intimidaciones que, incluso, se hacen públicas.
 
Lo de Godano se pareció a una verdadera confesión. No queda claro si fue demasiado inocente al realizar estas declaraciones o si, en realidad, se trató de un pedido de auxilio. Tanto es así, que afirmó estar obligado a pactar los barras “para proteger a los socios” y permitirles de esta manera “ir a la cancha seguros”.
 
El Estado no puede seguir mirando hacia otro lado. En definitiva, deberían ser la Justicia, la policía y las autoridades políticas las que brinden a los hinchas la posibilidad de ir seguros a una cancha de fútbol.
 
A partir de los dichos del presidente de Colón, la única manera de evitar las consecuencias del accionar de los barras es pactando con ellos. De ser así, la Justicia, la Policía y el gobierno, no están la altura de las circunstancias. Los violentos, logran imponer sus propias leyes.
 
Las declaraciones de Godano se hicieron el público. Ahora, sólo resta esperar para saber si, quienes deben velar por la seguridad de todos, están dispuestos a actuar en consecuencia o si, en cambio, prefieren seguir haciéndose los distraídos.