Martes, mayo 26, 2020
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Cuarentena y economía destrozada: ¿qué ven los funcionarios desde su ventana?

Esta nota fue publicada en Aire Digital.

Cada vez que Alberto FernándezAlejandro Vanolli (Ansés), Miguel Pesce (Banco Central) o Ginés González García (Salud) se acercan a las ventanas de sus despachos y observan el paisaje, se encuentran con 14 millones de personas que viven en Capital Federal y el Conurbano bonaerense, con miles de colectivos, millones de automóviles, centenares de trenes y subtes, colas frenéticas en los bancos, centros comerciales atestados de personas.

Quizá estas comparaciones puedan parecer anecdóticas. Sin embargo, en épocas de cuarentenacoronavirus y economías destrozadas, estas pequeñas / enormes diferencias adquieren una importancia crucial.

Los pasillos de la Casa Rosada no reflejan la diversidad del país. Las provincias deben asumir la responsabilidad federal que tienen.

Los pasillos de la Casa Rosada no reflejan la diversidad del país. Las provincias deben asumir la responsabilidad federal que tienen.

En la Argentina macrocefálica donde todo se ve, se evalúa y se decide desde Buenos Aires, es hora de descentralizar la toma de decisiones. A estas alturas críticas de las circunstancias, con una economía paralizada que agoniza hora tras hora y empieza a repercutir de lleno en las vidas de cada uno de los argentinos, surge una oportunidad histórica para que el federalismo deje de ser un concepto políticamente correcto, para transformarse en una herramienta útil.

Entre los extremos del Gran Buenos Aires y Famatina existen centenares de matices. No es lo mismo la ciudad de Santa Fe, que Rosario, Rafaela o Venado Tuerto. Cada conglomerado tiene sus particularidades, sus características, sus idiosincrasias, sus medios de transporte, sus modos de organización, su esquema sanitario, su matriz productiva.

La Argentina lleva desde el 20 de marzo 18 días de cuarentena obligatoria -para la mayoría de los sectores-, a partir de una decisión que en un primer momento pudo ser acertada para alcanzar el tan anhelado “achatamiento de la curva” de contagios. Pero luego de casi tres semanas, la economía cruje: los comercios y empresas privadas no tienen ingresos, no pueden pagar sueldos y los créditos anunciados todavía no están disponibles; la recaudación nacional se derrumbó, la recaudación provincial y de los municipios no encuentra piso, la coparticipación disminuye día a día, los jubilados no saben cómo retirar su dinero de los bancos, quienes tienen algún oficios o viven de changas se quedaron sin un peso.

No hay más plata

La intendenta de Santo Tomé, Daniela Qüesta, acaba de anunciar que pagará sólo el 40% de los sueldos municipales: “No hay más. Dividimos todo lo que tenemos en el banco”, explicó. En paralelo, apenas recibió 300 mil pesos para refuerzos alimentarios en los barrios más pobres de la ciudad. La situación es una verdadera bomba de tiempo.

Otros municipios atraviesan situaciones similares: Laguna Paiva, Coronda, Gálvez, Funes, Capitán Bermúdez, Granadero Baigorria, Roldán, Firmat, Carcarañá, San Justo, San Javier, San Cristóbal, San Jerónimo Norte, Recreo y un importante número de comunas que anunciaron que no podrán afrontar el pago de salarios

Los funcionarios del Gobierno de Santa Fe son conscientes de que la caída de recursos se profundiza. Por eso paralizaron las paritarias y congelaron todo tipo de decisiones que no apunten a mantener, como se pueda, cuatro pilares: lucha contra el coronavirus, pago de sueldos, sostenimiento del sistema de seguridad y guerra contra el hambre. No se trata de una metáfora: en el último año, en el Gran Santa Fe se duplicó el número de indigentes, personas que no pueden cubrir ni tan siquiera sus necesidades alimentarias. Según el Indec, son 78 mil personas. En la Argentina, los indigentes llegan a 3,5 millones: toda una provincia de Santa Fe o todo un país como Uruguay.

En la Argentina viven 3.5 millones de indigentes. Todo un país como Uruguay o una provincia como Santa Fe.

En la Argentina viven 3.5 millones de indigentes. Todo un país como Uruguay o una provincia como Santa Fe.

El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, anunció este lunes la emisión de una cuasimoneda cordobesa. Se trata de un título de cancelación de obligaciones que la provincia usará para pagarle deudas a sus proveedores y contratistas y que podrá ser utilizado para el posterior pago de impuestos provinciales. Por ahora, no se utilizará para pagar sueldos.

Durante los últimos días, el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, no descartó que se adopten medidas similares en esta provincia. Lo mismo dijo el gobierno de Chubut.

Los gobernadores le piden a Alberto Fernández que auxilie a las provincias. Y para hacerlo, si no se hace a través de cuasimonedas será a través de la emisión de pesos. Es decir, mediante el mismo mecanismo que se está utilizando para pagar asignaciones sociales y ayudas de emergencia a los particulares. Ese dinero ayuda a calmar el hambre, pero es un mero espejismo que terminará impactando en la inflación. “La Argentina está en default hacia afuera y también está en default hacia adentro”, dijo un alto funcionario de Santa Fe.

Una verdadera catástrofe

En medio de esta verdadera catástrofe social y económica, resulta imprescindible que la rueda de la economía comience a funcionar cuanto antes. En definitiva, los enfermos y los sanos necesitan recursos para seguir viviendo. En definitiva, los hospitales, los centros de aislamiento y el Estado mismo requiere recursos para seguir funcionando.

Es cierto que una salida desordenada de la cuarentena en las grandes ciudades -sobre todo en Capital Federal y el conurbano- puede desembocar en una catástrofe sanitaria. Sin embargo, en las provincias la situación es diferentes. Es hora de que los gobernadores e intendentes tengan en sus manos la potestad de adoptar medidas locales, con responsabilidad, sentido común, protegiendo a los más vulnerables y con control del Estado central, para que las economías de cada región comiencen a funcionar.

En todo caso, que se sostengan las prohibiciones de circulación de colectivos de larga distancia, trenes interurbanos y aviones. Que se restrinja la posibilidad de circulación entre una provincia y otra. Pero que se ponga en funcionamiento cuanto antes un verdadero federalismo sanitario y económico. La pregunta no debería ser sólo ¿cuarentena sí o no? Habría que comenzar a preguntar ¿cuarentena cómo y dónde?

En Famatina, Devoto, Sunchales o Santo Tomé, no parece tener demasiado sentido que los bancos, los comercios, los talleres o los cuentapropistas, permanezcan sin actividad. En pueblos y pequeñas ciudades, con organización local y cuidado mutuo de la gente, seguramente sería posible poner la economía en movimiento.

La decisión de convocar el mismo día a jubilados y beneficiarios de AUH a los bancos demuestra la insensatez de muchos funcionarios. En Rosario, frente al caos, el intendente Pablo Javkin decidió intervenir y ordenar la situación con un megáfono.

La decisión de convocar el mismo día a jubilados y beneficiarios de AUH a los bancos demuestra la insensatez de muchos funcionarios. En Rosario, frente al caos, el intendente Pablo Javkin decidió intervenir y ordenar la situación con un megáfono.

Las decisiones en la Argentina se siguen tomando desde Capital Federal, frente a una realidad nacional que muchos funcionarios desconocen por completo. Lo sucedido el viernes 3 en los bancos con los jubilados fue una clara muestra: “Que vayan sólo los que no tienen tarjeta”, dijeron desde el gobierno, sin comprender que gran parte de esos jubilados no saben utilizarlas y esperan cada mes encontrarse con su empleado de confianza en el banco de la esquina.

Hasta el momento las medidas adoptadas para contener al coronavirus parecen haber sido las correctas. Pero si cuanto antes no se toman medidas para que funcione la economía, la Argentina será tierra arrasada en muy poco tiempo. No importa que se trate de empleados públicos o privados, de cuentapropistas, de jubilados o de emprendedores.

Los gobernadores deberían ser los primeros en plantear esta realidad y ponerse al frente de su gente. Que el federalismo deje de ser apenas un concepto políticamente correcto. El coronavirus y el hambre unidos, serán un enemigo invencible.


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