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Todos al desnudo bajo la lluvia

Esta nota fue publicada en www.airedesantafe.com.ar

 

¿A quién creerle?, ¿por qué lo hacen?, ¿no son capaces de actuar de otra manera?, ¿no quieren?, ¿no pueden?, ¿hasta cuándo se prolongará esta disputa que roza la trivialidad y la insensatez?

Como si los seis meses de transición eterna, desprolija y agotadora no hubiesen terminado, los 290 milímetros de lluvia que cayeron en Santa Fe durante el fin de semana volvieron a activar los cruces entre referentes del sector de José Corral y la administración de Emilio Jatón.

Apenas la emergencia comenzó a aplacarse, el nuevo intendente se quejó por la situación que recibió de la gestión anterior para hacer frente a este tipo de circunstancias.

Según Jatón, cuatro de las doce camionetas de la Guardia de Seguridad Institucional (GSI) no funcionaban, tampoco contaban con las clave de acceso a las computadoras del centro de monitoreo y faltaban teléfonos para comunicarse entre quienes se encontraban abocados a la emergencia.

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El flamante senador por el departamento La Capital –y ex concejal- Marcos Castelló, no perdió la oportunidad para sumarse a las quejas: “Desde el Concejo veníamos reclamando por esta situación, nos estábamos anticipando a lo que sucedió finalmente. Junto a Emilio elevamos muchos pedidos de informes acerca de los desagües fluviales…”.

Y llegó la respuesta

Del otro lado, respondieron: el bloque de concejales de Cambiemos, encabezados por Carlos Pereyra, presentó un pedido de informes para que se explique por qué la Municipalidad tardó en reaccionar frente a los alertas meteorológicos.

Pereira aseguró que la gestión del intendente Emilio Jatón no siguió el Protocolo de Emergencia vigente, y reclamó explicaciones sobre por qué se demoró el aviso de alerta a la población, la convocatoria a las cuadrillas y el encendido de las motobombas de las Estaciones 1 y 2, entre otros puntos.

Denunció además que “tampoco fueron convocadas las empresas de recolección de residuos tal cual lo establece el Protocolo. Fue evidente que durante la mañana y la siesta del sábado no se vio en la calle ninguna cuadrilla del Municipio trabajando”.

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Seguramente, cada una de las partes empeñadas en sostener estas disputas tiene algo de razón en lo que dice. Lo más probable es que dos camionetas de la GSI no funcionaran, que los nuevos funcionarios no contaran con las claves para acceder a computadoras, que no se aplicara el Protocolo como corresponde y que no se pusiera a las cuadrillas y a las empresas de limpieza en las calles en el momento adecuado.

Un dato más: el nuevo equipo de comunicación del Municipio se contacta con medios y periodistas de la ciudad a través de sus cuentas de Whatsapp porque, aseguran, no recibieron de sus antecesores las claves para ingresar a las cuentas de correo electrónico con las bases de datos correspondientes.

Mezquindades desgastadas

A estas alturas de las circunstancias, los que se fueron y los que llegaron deberían comprender que, lo menos importante frente a una potencial situación de emergencia, es quién tiene razón.

Quizá suene a utopía, pero las nuevas autoridades debieron consultar sobre cómo actuar en estos casos a quienes acababan de retirarse. Y los que se fueron debieron advertir a tiempo a los actuales funcionarios sobre las demoras que ahora denuncian en la aplicación del Protocolo.

Lejos de los discursos y de los enfrentamientos, los vecinos necesitan un Municipio eficiente. Y, sobre todo, dirigentes políticos de todos los sectores que estén a la altura de las circunstancias.

Durante los seis meses que transcurrieron entre las elecciones y la asunción de las nuevas autoridades de la ciudad de Santa Fe, el diálogo siempre fue difícil. La ciudadanía observó absorta cómo cada una de las partes describían realidades contradictorias.

Pero el tiempo de la retórica se acabó. Demasiado sufrimiento subsiste entre enormes sectores de una población que sabe lo que es padecer las consecuencias de la desidia y la irresponsabilidad de quienes gobiernan. Y no hace falta ir demasiado lejos. En 2007, gran parte de la ciudad permaneció durante semanas bajo el agua de lluvia porque los sistemas de bombeo no funcionaban. Y en 2003, el río abatió a Santa Fe porque una defensa no había sido terminada.

La lluvia dejó al desnudo desgastadas mezquindades. Ahora, la emergencia terminó, pero lo sucedido durante el último fin de semana debería servir de aprendizaje. Lejos de los discursos y de los enfrentamientos, los vecinos necesitan un Municipio eficiente. Y, sobre todo, dirigentes políticos de todos los sectores que estén a la altura de las circunstancias.

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