Francisco, un nuevo punto de referencia

Cuando todo parecía indicar que las cartas estaban echadas en la Argentina, la elección de Jorge Bergoglio como Francisco cambió las reglas de juego. El escenario, desde ahora, no volverá a ser el mismo. Lo ocurrido no sólo representó un verdadero quiebre en la historia del país sino que, incluso, trastocó la coyuntura misma.
Tanto es así, que algunos fueron incapaces en los primeros momentos de comprender lo que acababa de suceder. No se percataron de que el tablero había cambiado en cuestión de minutos. Intentaron desprestigiar -una vez más- la figura de Jorge Mario Bergoglio, sin percatarse de que ese hombre de sotana blanca que sonreía desde el balcón de la Plaza San Pedro ya no era el cardenal de Buenos Aires, sino que se trataba de Francisco, el nuevo Papa.
Tal vez resulte poco probable que desde ahora el Sumo Pontífice se inmiscuya directamente en los problemas del país. De hecho, por delante le espera una ardua tarea de alcance universal, frente a un escenario plagado de miserias terrenales y espirituales, dentro y fuera de la institución que le toca conducir. La Argentina, entonces, representará apenas una pieza  en ese verdadero rompecabezas.
Sin embargo, Francisco no será un Papa más para los argentinos. Sus palabras, sus gestos e, incluso, sus silencios, repercutirán en estas tierras de manera particular. De hecho, todavía está latente la experiencia de lo sucedido con Juan Pablo II y su Polonia natal.
Aun cuando Francisco no se lo proponga, se ha convertido a partir de ahora en un novedoso punto de referencia, no sólo para los protagonistas de la política interna, sino para cada uno de los actores de esta sociedad.
Durante los primeros días de su pontificado, quedó en claro que sus gestos simples y directos provocan efectos sorprendentes.
En una reciente entrevista publicada por el diario Folha de São Paulo, el cardenal brasileño Claudio Hummes afirmó: “Son gestos simples pero muestran cómo es él y cómo ve las cosas. Y me maravillé al ver que esos gestos fueron comprendidos por el pueblo simple y por los medios, que también los interpretaron espléndidamente”
Ya no será sencillo, por ejemplo, sostener en el país el clima de confrontación asfixiante de los últimos años, frente a un Papa que en su primer Angelus y ante más de 150 mil personas decidió hacer hincapié en la misericordia: “Dios no se cansa de perdonar”, insistió.
Tampoco resultará fácil ostentar poder y riqueza en el país que vio nacer a un Papa que eligió el nombre de Francisco y que, en sus primeras palabras, hace referencia a la humildad y la pobreza.
Incluso dentro de la Iglesia misma su mensaje parece destinado a provocar cambios. El padre Ignacio Peries -conocido popularmente como el “Padre Ignacio”- acaba de declarar que la noticia de la elección de Francisco le devolvió “la alegría de ser sacerdote”.
Una nueva , influyente y potente voz acaba de sumarse a un escenario que parecía destinado a no deparar demasiadas sorpresas.<br />
Lo ocurrido es una clara muestra de que, para una sociedad, ningún destino es inapelable: la historia, siempre está por escribirse.