Miércoles, junio 19, 2024
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Argentina campeón: lecciones para no olvidar de un puñado de argentinos que demostró cuál es el camino

Esta nota fue publicada en Aire Digital

El taxista me miró sonriente, casi detuvo su marcha y con un ademán de su mano derecha me invitó a seguir caminando para cruzar Bv. Pellegrini, esquina Rivadavia, esta mañana poco después de las 8. Unos metros más allá, dos mujeres que no parecían conocerse demasiado conversaban con amabilidad poco habitual mientras aguardaban la llegada del colectivo. Unos metros antes, un trabajador de Cliba barría las calles con la cabeza erguida, como si buscara miradas cómplices entre los casuales transeúntes.

Este lunes, pocas horas después de que la Selección argentina de fútbol se convirtiera en campeona del mundo, la ciudad de Santa Fe parecía atravesada por una energía diferente, una energía que solo se podía describir a través de lo que reflejaban los rostros, el andar, la postura corporal y las actitudes de tanta gente. Y Santa Fe no era una excepción: la misma energía se impregnó en millones de personas a lo largo y ancho del país, e invadió a tantos argentinos que viven lejos de casa.

Sería hermoso que este estado de fascinación general se quedara para siempre. Pero no será así: toda situación de éxtasis, individual o colectivo, termina siendo efímera. Más temprano que tarde, esta especie de encantamiento social comenzará a diluirse. Y los mismos problemas, los mismos modos y las mismas conductas terminarán haciéndose evidentes detrás de este halo de regocijo.

Sin embargo, y con el paso del tiempo, lo sucedido por estas horas tendrá un valor crucial para cada argentino: se convertirá en un antecedente palpable e incuestionable para demostrar cuál es el mejor de los caminos para alcanzar los objetivos o, al menos, para intentarlo con mayores probabilidades de éxito.

  • Los salvadores no existen. Lionel Messi es el mejor jugador del planeta. Y para muchos, de la historia del fútbol. Sin embargo, nunca hubiese sido campeón del mundo sin un equipo en el que cada uno de sus integrantes estuviera dispuesto a hacer lo que debía hacer, de la mejor manera posible y en busca del mismo objetivo. Tampoco lo hubiera logrado sin esfuerzo, caídas, trabajo, valores y, sobre todo, disciplina.
Lionel Messi y los suyos.

Lionel Messi y los suyos.

  • Líderes positivos. Lionel Scaloni es, sin ninguna duda, el líder de este grupo de personas que hizo tan feliz a los argentinos. Nunca prometió nada, más allá del esfuerzo, la disciplina y el trabajo. Siempre se manejó con bajo perfil, sencillez y con la sensibilidad necesaria como para entender cuáles son los valores por los que realmente vale la pena luchar. Los líderes verdaderos evitan hablar en primera persona. Y Scaloni no solo defendió el trabajo en equipo, sino que lo hizo realidad. Como pocas veces, se pueden repetir de memoria los nombres de sus principales colaboradores: Pablo Aimar, Pablo Ayala y Walter Samuel. Todos ellos, apoyados en otros que supieron cumplir con su trabajo desde el anonimato.
Lionel Scaloni demostró todas las virtudes de un verdadero líder.

Lionel Scaloni demostró todas las virtudes de un verdadero líder.

  • Valores. Quizá pueda parecer un concepto desgastado, pero los logros personales, grupales o sociales solo pueden ser alcanzados y sostenidos sobre la base de los valores correctos. Todo lo demás, será efímero. No se trata de una frase hecha o de mera frivolidad. Mientras Lionel Scaloni agradecía a sus padres por haberlo guiado por este camino; Lionel Messi dejaba a un costado la copa con la que tanto había soñado, para recostarse y abrazar a sus hijos sobre el mismo escenario en el que acabada de ser premiado. Ningún objetivo se alcanza sin esfuerzo y perseverancia. Y cuando los resultados esperados no se dan, resulta clave tener la claridad necesaria como para sostenerse de los valores esenciales.
  • El proceso vale más que el resultado final. Si este equipo no hubiese alcanzado el campeonato del mundo, seguramente sería un lunes distinto en la Argentina. Sin embargo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría criticar a los integrantes de esta Selección. Es que, cada uno de los miembros de este grupo, demostró haber dado todo en busca del objetivo. Y eso es evidente.
  • Disciplina y trabajo. La confianza y la capacidad de resiliencia frente a los golpes de este equipo resultaron verdaderamente sorprendentes. Perdieron el primer partido, soportaron la arremetida de los gigantes de Países Bajos y se sostuvieron ante la efectividad irrefrenable de un joven llamado Kylian Mbappé. Pero no se trató de una confianza trivial y vacía; sino de la certidumbre que surge de la disciplina, el trabajo y la convicción.
La imagen más anhelada por todos los argentinos y por gran parte del mundo.

La imagen más anhelada por todos los argentinos y por gran parte del mundo.

  • Unidos y sin excusas. Lo sucedido con esta Selección es la prueba irrefutable de que, cuando se trabaja de manera correcta, el todo siempre será siempre más que la suma de las partes. Cada uno de los jugadores argentinos rindió más y mejor como integrante de este grupo, que en sus respectivos equipos o de manera individual. Incluso en las adversidades -perder en el primer partido no estaba en los planes de nadie-, este equipo evitó buscar excusas o enemigos, siempre funcionales como argumento de los mediocres.

El estado de fascinación general que atraviesa a la Argentina en su conjunto se desvanecerá. El éxtasis, individual o colectivo, siempre es efímero. Y pronto, los mismos problemas irresueltos volverán a hacerse evidentes.

Entonces, será el momento de recordar que los líderes salvadores no existen -aunque algunos postulen lo contrario-; que no se alcanzan los objetivos sin esfuerzo y disciplina -aunque tantos aseguren que es posible-; y que la búsqueda de divisiones y la eterna construcción de un enemigo apenas representan el argumento de los mediocres para ocultar sus propias miserias.

Cuando la dura realidad de este país vuelva a imponerse sobre este estado de ensoñación, lo ocurrido quizá pueda convertirse en un recordatorio de cuál es el mejor de los caminos para alcanzar los objetivos o, al menos, para intentarlo con mayores probabilidades de éxito.

Ojalá que la Argentina no pierda pronto la memoria.