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El otro Jorge Hoffmann

Cuando se apagaron las cámaras, Jorge Hoffmann quedó pensativo, mantuvo un silencio particularmente extenso y su mirada fija en algún lugar que sólo él pudo ver. Acababa de hablar de su vida, de sus hijos, de sus miedos y de lo que siente al descubrirse con 59 años sobre los hombros.
Es que este dirigente que desde hace décadas milita en el sindicalismo y conduce el gremio de ATE, asegura que siempre tuvo especial cuidado en resguardar sus aspectos íntimos y personales: “Es la primera vez que hablo de estos temas en público”, reconoce poco después.
Cuando se le pregunta ¿quién es Hoffmann?, rápidamente apela a la palabra “cultura”. Nacido en una familia de clase media baja de Ramírez, en el interior de Entre Ríos, siente que refleja una fuerte impronta de su padre mecánico y, particularmente, de su madre, “que enseñaba dibujo, pintura y bordado en casa. Que siempre estuvo muy vinculada a cuestiones del orden de la cultura, de la música, del arte en general”.
“Cuando cumplí 40 años y ya estaba en ATE, me surgió un planteo existencial: para qué estoy acá, cómo miro mi futuro. Y no lo veía proyectado en buscar algún trabajo que sirviera para hacer fortuna. Nunca me interesó. Soy abogado y podía volver a la profesión. Pero no me sentía reflejado en eso. Entonces tomé conciencia de que lo que tenía para mí era el conocimiento”, explica.
Antes de su militancia gremial fue telefonista, trabajó como encuestador, cubrió algunos interinatos docentes y luego, como abogado, se incorporó a un proyecto de educación informal para formar como ciudadanos a quienes se capacitaban en un oficio.
De cara al futuro, Hoffmann asegura que no piensa incursionar en la política partidaria: “Nunca he sido candidato a nada en política. No pienso hacerlo. Sólo lo podría pensar si fuera parte de un proyecto donde pueda canalizar la energía para transformar. Si no es así, no vale la pena. Si fuera legislador sólo para sumar un número, sería una frustración y sentiría vergüenza”.
En materia política expresa un reconocimiento al gobierno de Hermes Binner, aunque aclara que “de ninguna manera” se identifica con el Partido Socialista: “Con un sector del partido tengo profundas diferencias con relación a la historia, al presente y al futuro. Con otros me identifico. Creo que este gobierno le hacía falta a la provincia y que dejará un saldo positivo, más allá de las críticas que puedan hacerse”.
A pesar de haber resguardado con cuidado su vida privada, reconoce que lo mejor le sucedió allí, en lo íntimo: “Lo mejor que me ocurrió en la vida fue tener tres hijos. Es una cosa muy buena que me ha pasado, pero hace un tiempo que me digo qué lástima no haber tenido más hijos. Es hermoso tener hijos. Hay una vinculación que va más allá de las idas y venidas. Más allá de las palabras. Es un amor que se siente desde el silencio”.
– ¿A qué le tiene miedo?
– “Mi mayor temor pasa por la relación con el otro. Yo no hago esfuerzos por agradar. Trato de ser leal en la relación. Pero tengo miedo de no detectar cuando el otro lo está necesitando. Temo tener cargas agresivas que lesionen. Suelo ser agresivo. He sido agresivo para con mis hijos, intolerante. Tengo temor de ser inútilmente agresivo con compañeros y con amigos”.