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Periodista y editorialista del diario El Litoral de Santa Fe, Argentina.

Conduce a diario el programa radial "Todo Pasa", en el horario central de la mañana, por AM 1020 Radio Universidad de Santa Fe.
Conduce el programa televisivo de entrevistas "Palabra", que se emite por Canal 13 de Santa Fe (Telefé) los domingos a las 20,30 hs.

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Noticia
14-10-2011 |  Bitácora
Informe publicado en Clarín

El impacto tecnológico, eje del Congreso Mundial de Diarios

En EE.UU. la cantidad de publicidad online ya supera a la de las versiones periodísticas en papel. Sin embargo, los mayores ingresos continúan produciéndose en las versiones impresas de los diarios. El debate por WikiLeaks.

Actualizada: 14 de Octubre de 2011 | 12:05 hs Imprimir nota  

Dos cuestiones han dominado las deliberaciones de la Asociación Mundial de Diarios y del Foro Mundial de Editores que tienen lugar en el impresionante Centro de Conferencias de esta capital: la situación de los diarios y el impacto de las nuevas tecnologías en su circulación, publicidad y centralidad en la agenda informativa. También, en un plano de importancia tan relevante como lo anterior, de qué manera esas nuevas tecnologías están revolucionando las prácticas del periodismo. En ambos casos, las respuestas de los paneles de expertos y de la propia organización son provisorias porque no hay, ni puede haber por ahora, conclusiones definitivas.

El director ejecutivo de la Asociación Mundial de Diarios (WAN, en sus siglas en inglés) dio un informe anual que tiene pocos cambios con los anteriores: la circulación mundial de diarios se incrementa pero básicamente está sostenida por China, mientras que en occidente está en declinación. Cristhoph Riess, quien tomó el control de la organización cuando esta se fusionó con la que nuclea a los proveedores de diarios, dijo para ilustrar la situación que “el sol sale por el este y se pone por el oeste” y no hizo mas que pintar, sin quererlo, la encrucijada que enfrentan los diarios occidentales, afectados decididamente, además, por la crisis económica que afecta a los países centrales como Estados Unidos y los integrantes de la Unión Europea.

Estos aspectos de la crisis se notan en aspectos más triviales: las delegaciones de diarios europeos que tradicionalmente participan en este tipo de conferencias anuales disminuyeron drásticamente. Son contados, por ejemplo, los representantes de los diarios españoles en esta reunión de Viena.

Riess dijo que la prensa en papel aun retiene la mayoría de los lectores y que la publicidad en este soporte es más eficiente que la que se pone en las versiones on line; pero también admitió que por lo menos en EE.UU. el volumen de publicidad en la web alcanzó y, aun, superó en los últimos tiempos al que se coloca en los diarios. Los ingresos, sin embargo, provienen fundamentalmente del papel porque las versiones digitales no han conseguido todavía convertirse en una fuente de ganancias para las companías.

Hay un entorno distinto para los medios. En esos cambios dramáticos se inscriben la utilización de nuevas tecnologías y nuevos soportes. Según estima la WAN, sobre una población mundial de 7.000 millones de personas hay 5.000 millones de teléfonos y dispositivos móviles. Allí, dice la organización, hay un mercado de información para los dispositivos móviles que seguramente será el que crecerá más vertiginosamente en todas las versiones de esos soportes, incluyendo las tabletas como el iPad u otras que salieron en el mercado.

Hay otra pregunta crucial que formuló un editor sudafricano durante una mesa redonda en la que se trató el impacto de WikiLeaks en las prácticas periodísticas tradicionales: ¿El hackeo de información será, en el futuro, algo a lo que habrá que acostumbrarse porque será insoslayable para acceder a información sensible? La pregunta no fue nada inocente. Es que el enorme volumen de documentos clasificados de los Estados Unidos que WikiLeaks, la organización que lidera Julian Assange, puso en la red planteó cuestiones inéditas para los periodistas. En primer lugar, si WikiLeaks era una “fuente” periodística y no una organización que había robado ese material.

En la discusión que organizó el Foro de Editores, cuya programación no es tan atractiva como la de ediciones anteriores, se concluyó que debía considerarse como una “fuente” confiable. Narasimham Ram, editor de The Hindu, periódico que junto con The Guardian, The New York Times, El País, Der Spiegel y Le Monde participaron en la edición y publicación de los cables secretos, dijo con seguridad que si no se publicaban otros lo iban a hacer. Esa respuesta pragmática, que fue refutada por un editor de la agencia Associated Press, dio lugar a otra cuestión más profunda y es a la que aludió el editor sudafricano. Se rechazó el hackeo de información como método, aludiendo sin nombrarlos a los protagonistas del escándalo que derivó en el cierre del diario sensacionalista The News of the World, de la cadena Murdoch en Londres. Se advirtió, también, que la “filtración” de los documentos secretos, en un volumen inédito en la historia, exigió en una primera fase un trabajo de edición y de supresión de nombres, para no poner en peligro la vida de personas que estaban involucradas en esos documentos, como agentes secretos o informantes de la diplomacia norteamericana, pero luego cuando hubo problemas con el jefe de WikiLeaks, los cables fueron puestos “crudos” (es decir sin editar) en la red.

Intervino en la mesa redonda Daniel Damschelt-Berg, quien fue vocero de Julian Assange y luego rompió con su jefe, quien creó una nueva organización para la filtración de documentos secretos que se denomina OpenLeaks, y que tiene sede en Noruega. Dijo que hay que tomar ciertos recaudos, pero la idea es que la información sea de dominio público.

No es un problema simple. Tiene múltiples facetas profesionales y éticas que deben ser consideradas. Hay una conclusión, aunque provisional, que es fácilmente reconocible en cada intervención de los editores aquí: este tipo de filtraciones masivas requieren intervención profesional para hacerlos inteligibles al público, ponerlos en contexto e impedir la intoxicación de información. (Por Ricardo Kirschbaum) 




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